Conseguir la implicación de los hijos en el ahorro. El caso Vladimir

Ahorro Todos los niños piensan -pensamos- que nuestra infancia fue feliz. Los padres, sin embargo, además de los gratísimos recuerdos de la infancia de los hijos, guardan también otras impresiones; por ejemplo, lo mucho que nos costó de niños aprender a realizar ciertas tareas en matemáticas, como manejar con soltura multiplicaciones o divisiones. O comenzar a relacionarnos con otros niños en los cambios de colegio, por ejemplo.
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Conseguir la implicación de los hijos en el ahorro. El caso Vladimir

Todos los niños piensan -pensamos- que nuestra infancia fue feliz. Los padres, sin embargo, además de los gratísimos recuerdos de la infancia de los hijos, guardan también otras impresiones; por ejemplo, lo mucho que nos costó de niños aprender a realizar ciertas tareas en matemáticas, como manejar con soltura multiplicaciones o divisiones. O comenzar a relacionarnos con otros niños en los cambios de colegio, por ejemplo.

En nuestros días es más fácil "conservar" con fotografías y vídeos recuerdos de la infancia de nuestros hijos. Por eso, como decíamos en otro artículo, es importante asociar recuerdos positivos con actividades de aprendizaje intelectual: visitas a museos, talleres de aprendizaje, manualidades, etc.: los niños tienen por delante largos años de estudio y conviene hacer lo posible para que encuentren grato y divertido el estudio y saquen el mayor provecho de esos años.

Sirve esta entrada para llamar la atención sobre un éxito "sin precedentes" de un amigo para enseñar a sus hijos, de 7 y 10 años, a empezar a tener un comportamiento "ahorrador" en sus pequeñas actividades y decisiones diarias.

Vladimir, padre de familia (trabaja como autónomo) finalmente accedió a comprar para sus hijos unos enormes fusiles de agua que habían llamado mucho la atención especialmente al mayor. "Lo pensé" me dijo "y finalmente accedí a proponerles un acuerdo".

Me explicó que el acuerdo consistía en que debían "ganarse" la munición -el agua de recarga- y para ello debían realizar ciertas actividades en la casa. "El agua cuesta dinero, y hay que ganárselo" les dijo muy seriamente.

La primera condición era tener ordenado el cuarto; la segunda, cuidar la ropa diaria según la costumbre de su madre. Avanzaba la primavera, los días eran más largos y, para que accedieran al trato, Vladimir añadió 30 minutos más de tiempo libre por el patio interior del edificio de viviendas de un barrio de Madrid.

Los niños aceptaron enseguida: a cambio de salir a lucir y guerrear con sus enormes fusiles de agua por el patio con otra media docena de rapaces "serían capaces de todo" me dijo Vladimir.

"Lo pensé largo tiempo" me dijo. Y accedí. A cambio del despilfarro de agua y del gasto en unos juguetes que no iban a durar mucho, mis hijos empezaron a conocer las ventajas de ahorrar. Además, para que picaran bien el anzuelo, ofreció a los chavales como premio un curso de ordenadores y otro de inglés por ordenador, si alcanzaban los niños unos comportamientos ahorrativos concretos: buen trato de sus cosas en el cuarto, y cuidado de su ropa infantil.

Vladimir me comentó que añadió un pequeño secreto: "Decidí comprarles los enormes fusiles porque la carga completa de agua les iba a agotar enseguida: sus brazos no aguantan mucho tiempo con 3 kilogramos de juguete cargado de agua en las manos". Por tanto, pensó, "serán de los primeros en proponer o aceptar un cambio en el juego, aunque solo fuera por fatiga."

Como resumen de la conversación con Vladimir, destacamos lo conseguido: "implicar a los hijos cuanto antes en las ventajas del ahorro." Ahora, un año después, colaboran, especialmente el mayor, en las tareas de la casa. El pequeño imita al mayor: cuidar la ropa y mantener un poco de orden.

Y, lo más importante, entienden lo que significa utilizar las cosas con inteligencia ahorradora.