La bailarina del futuro. De Isadora Duncan a Joséphine Baker

Siete coreógrafas y bailarinas: Isadora Duncan, Loïe Fuller, Joséphine Baker, Tórtola Valencia, Mary Wigman, Martha Graham y Doris Humphrey unidas para una muestra que reivindica el papel de estas pioneras históricas en la necesidad de crear nuevas formas de expresión y de liberar el cuerpo femenino enfrentándose a las convenciones sociales y al rígido canon del ballet romántico.

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Isadora Duncan, Loïe Fuller, Joséphine Baker, Tórtola Valencia, Mary Wigman, Martha Graham y Doris Humphrey retiraron antiguos velos y sentaron las bases de la danza moderna gracias a su creatividad, su revolucionaria puesta en escena y su estilo de vida nuevo, individual y rupturista.

Este nuevo proyecto expositivo en la línea ya iniciada años anteriores de la Fundación Telefónica, basada en el deseo de presentar la modernidad a través de figuras que contribuyeron a su invención. Una exposición que reivindica el papel de estas mujeres pioneras y presenta la danza del cambio de siglo como una forma de arte nuevo.

Isadora Duncan (San Francisco, EE.UU, 1877 – Niza, Francia, 1927). Pionera y visionaria; la primera en cuestionar el ballet clásico.
Loïe Fuller, Tórtola Valencia y Joséphine Baker. Bailarinas de enorme popularidad en su época, que sacudieron clichés y rompieron tabúes sexuales con bailes como el cabaré o el charleston, y que llegaron a influir en los ambientes más académicos.
Mary Wigman (Hannover, Alemania, 1886 – Berlín, 1973) protagoniza esta sección que analiza la relación entre la bailarina y coreógrafa con el expresionismo alemán y la máscara, símbolo de los temores de la sociedad europea de entreguerras.
Martha Graham El siguiente espacio está dedicado a Martha Graham (Pittsburgh, EE.UU, 1894 – Nueva York, 1991), creadora de un lenguaje coreográfico autónomo, capaz de comunicar toda pasión esencial y que sigue vigente en la educación de cualquier bailarín contemporáneo.
Doris Humphrey (Oak Park, EE.UU, 1895 – Nueva York, 1958), completa el grupo con su apuesta revolucionaria por acabar con la verticalidad en la danza y por apostar por la gravidez y poner así en valor la atracción del cuerpo del bailarín hacia la tierra.