El retorno del toro a la Venta del Batán

En estos dos últimos meses ha vuelto con fuerza a la actualidad La Venta del Batán. Este lugar emblemático de la tauromaquia en Madrid (que algunos políticos intentaron cerrar y otros quieren olvidar) abrió sus puertas y corrales para ganado bravo en 1950 y para satisfacer y ampliar la cultura del toro.
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El retorno del toro a la Venta del Batán

En estos dos últimos meses ha vuelto con fuerza a la actualidad La Venta del Batán. Este lugar emblemático de la tauromaquia en Madrid (que algunos políticos intentaron cerrar y otros quieren olvidar) abrió sus puertas y corrales para ganado bravo en 1950 y para satisfacer y ampliar la cultura del toro.

Desde los primeros días de su inauguración el éxito de público y aficionados taurinos fue fulgurante. La Venta del Batán en pocos días saltó a los periódicos y radios de la época y también al Nodo, el resumen para salas de cine con las noticias de España y del mundo.

Las visitas de los madrileños y también de los turistas convirtieron "El Batán" en un lugar clásico de la tauromaquia. El éxito rememoró los antigos corrales de toros bravos diseminados por Madrid al calor de la afición por las corridas de toros; corrales y dehesas que también generaban expectación entre los madrileños.

Porque La Venta del Batán que tan pronto tocó el nervio del aficionado mana de una historia y una cultura de siglos.

Los prados o la dehesa de la Muñoza en la ribera del Jarama, en 1808 por ejemplo, se mencionan ya como lugar tradicional de llegada de toros de combate. Estas praderas eran cerrados de descanso y recuperación de los toros antes de ser conducidos a Madrid para su lidia.

Lo mismo que el ganado de bravío descansa en estas dehesas a las afueras de Madrid, también sucede en otras ciudades de la península, lo que hermana a los iberos en esta tradición.

Fuera de España, en Gran Bretaña quedan restos de estos prados dedicados al engorde del ganado que en puntas, hatos o rebaños trasladaban vaqueros y pastores para las carnicerías y el consumo humano. En Londres se llaman "Meadows" (praderas) y compiten hoy con "Street", "Road" o "Crescent" etc. en la denominación tradicional del callejero.

En la actualidad estos "Meadows" londineneses o mancusianos son plazas o calles con viviendas inviduales o grandes bloques, según la extensión del "prado". Y así en Londres como en todas las capitales y ciudades de Europa ha habido durante siglos zonas de pasto que alquilaban a pastores y ganaderos para engorde de sus animales antes del sacrificio en el matadero. Madrid es la única ciudad de Europa que ha mantenido durante siglos estos espacios naturales reservados para el descanso y la recuperación también de los toros de combate.

Como antecesores de La Venta del Batán están los prados o dehesa de La Muñoza, el llamado "Soto del Señorito", el ubicado en el Puente de Viveros o el habido en Arroyo de Abroñigal. Este último sirvió para devolver todo su vigor a los toros de combate que serían lidiados en los primeros años de la actual plaza de Las Ventas. Y de ahí se pasó al Batán de la Casa de Campo madrileña.

La Venta del Batán además de ser un espacio del toro, es también una ventana abierta al interior y al pasado. Una ventana hacia una tradición de siglos que nos lleva a una cultura milenaria.

Mucho antes del Bos primigenius taurus, de tronco ibérico, que conocemos, estas tierras que pisamos y este cielo que nos cobija lo compartía el hombre con especies hoy extintas. Madrid, en efecto, alberga yacimientos históricos y paleontológicos de primera magnitud a escala europea y mundial. Animales extinguidos pero que dejaron su huella oculta de generación en generación.

Y esta unión histórica y milenaria la guardaron las suertes de La Muñoza, Viveros o Abroñigal. Parajes reservados para el toro bravo. Cerrados que atestiguan una lucha de siglos, milenaria, como hemos visto, por expulsar a los depredadores de fuentes y prados y crear espacios seguros para el hombre y para la crianza de animales de provecho para el especie humana.

Esta lucha por el medio natural culmina en la tauromaquia, en el arte de cazar toros y liberar de peligros y depredadores naturales el espacio natural en hontanares y dehesas que rodean caminos, pueblos y ciudades.

Los prados de La Muñoza, el Soto del Señorito, el Puente de Viveros, el Arroyo de Abroñigal son los antecesores de La Venta del Batán. En aquellos se contemplaron toros bravos; a veces también se hacía el apartado un día antes de trasladar a los toros a los corrales donde se hacía el sorteo.

Y en La Venta del Batán con actividades como la "Semana taurina de Madrid" acertaron en su intuición dos empresarios, Stuyk y Escanciano que conectaron con la afición de Madrid inmediatamente y durante medio siglo. La enfermedad de la lengua azul en 2005 forzó el cierre del Batán para el bravío.

Con diez años de cierre y un nuevo equipo en el Ayuntamiento, los madrileños han visto una voluntad cerril por arrasar esta huella milenaria en La Venta del Batán con decisiones políticas ajenas a la comunidad taurina.

Gracias a los románticos y visionarios ligados a la Escuela de Tauromaquia que se fundó en La Venta del Batán, como Enrique Martín Arranz, José Miguel Arroyo o José Luis Bote, entre otros, en estos últimos dos meses se ha salvado este emblemático espacio taurino. Y gracias también al decidido apoyo de vecinos, antiguos alumnos de la escuela y aficionados a la tauromaquia.

Ya solo queda devolver el toro a La Venta del Batán. El Batán es su sitio natural por herencia de otros enclaves, que fueron testigos silenciosos a lo largo de los siglos, milenios, del contacto entre el hombre y los animales con los que se comparte el cielo y el suelo. Y porque así lo quiere la afición y el público de Madrid.