La afición taurina catalana y la normalidad

Nuevos aires soplan por Cataluña. Después del vuelco que ha supuesto la aplicación del artículo 155, la comunidad de aficionados a la cultura de la tauromaquia -y no solo los aficionados- sigue expectante. Veamos los espacios taurinos de los aficionados en la comunidad catalana. Blog en MadridGratis de SomosElPueblo, @EstoEsElPueblo

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Por estas fechas, hace un año, el Tribunal Constitucional tenía declarada fuera de la norma las leyes prohibicionistas impuestas por el gobierno de la Comunisad Autónoma de Cataluña. Ya va cumplido el año de la sentencia (20 de octubre) y sigue Cataluña sin corridas de toros; además, algunas autoridades, municipales, han amenazado con imponer reglamentos para boicotear la voluntad de los aficionados de recuperar y mantener espacios taurinos en Cataluña.

Sirvan estos párrafos para enmarcar la voluntad de los taurinos de abrir espacios de libertad; de recuperar en este caso para la tauromaquia la comunidad de Cataluña como se recuperó para la normalidad política, espacios de concordia entre los vascos frente al separatismo del "plan Ibarretxe." La aplicación del artículo 155 del que informan los periódicos desde el 20 de octubre no puede obviar su vertiente cultural, incluyendo la tauromaquia.


La vuelta a la normalidad con el artículo 155 ha causado un terremoto y una convulsión en la clase política y en los grupos más activos de apoyo a la independencia ilegal que persigue esa clase política. Pero no toda la sociedad se mueve en parámetros de movilización callejera.

Permanece una Cataluña tranquila con espacios de libertad no tan públicos como las manifestaciones callejeras. Uno de estos espacios es la tauromaquia, una manifestación cultural que sigue viva en Cataluña.

Estos espacios taurinos son físicos, sentimentales, culturales, artísticos, etc., como es el reconocimiento de figuras universales del arte que disfrutaron de toros en Cataluña, como Picasso o Dalí, por citar solo dos genios del arte que además disponen de museo propio, nada menos, en Cataluña.

La ciudadanía de Cataluña debe exhibirse -sin sufrir boicot por ser taurino- y sin complejos en estos espacios taurinos poblados de genios de la cultura universal, hispana y también regional.

Espacios taurinos que serán un mojón para acotar el poder político ante la cultura y las aficiones de los ciudadanos. La cultura no se impone en democracia de arriba hacia abajo; al contrario, "los de arriba" promueven y apoyan aquello que piden "los de abajo". Como se hace en el resto de Europa.

Espacios taurinos de libertad frente a la tri-fascista catalana: Los separatistas no son más sensibles ni más cultos -como podemos observar viendo sus aficiones- que los aficionados a la tauromaquia. Son una tri-fascista catalana igual que hubo una tri-fascista euskérica, como vimos.

Espacios libres frente a la segunda mano de la "tri-fascista" catalana, el ente de poder municipal de Barcelona, donde su alcaldesa ganó notoridad pública no por su profesión -modesta actriz con pequeños papeles; ni por sus estudios o formación- y que ahora se proclama como segunda muralla antitaurina catalana después del "Govern".

Espacios de libertad frente a la tercera pata de la "Tri-Fascista" catalana, los autodenominados anticapitalistas, antieuro, anti-europa y otros 'apliques antis' más; podemos aceptar de esta gente de la CUP para la cultura sus reflexiones sobre el botellón con vino del Penedés en las terrazas más caras y más chic de Barcelona. Pero nada más. El principal "anti" de la CUP, su base, fundamento y cimiento es que están contra la cultura de la libertad, y los toros son cultura y son libertad.

Esta "tri-fascista" catalana incluye dos patas que se sustentan sobre la izquierda -radical y ultraradical-. Subrayemos que la izquierda que se sustenta en el pueblo, en la gente de la calle no puede ser antitaurina, porque es una contradicción.

Los toros son del pueblo. De la gente común. Los toros son de Picasso, de Dalí, de Lorca, igual que de Pere, de Pep y de Pau. El pueblo, Pere, Pep y Pau pueden admirar a Picasso y lo que representa; y lo que del mismo sigue vivo.

Si los grupos de izquierda radical no comoparten este sentimiento, esta filosofía, esta visión del mundo de Picasso, Dalí o Lorca, deben hacérselo mirar, pues no son de izquierda, su posición no se soporta en la gente de la calle, en el pueblo. Los toros, en resumen, están con el pueblo, con la gente que suda, con la gente que trabaja con sus manos, con herramientas: la gente corriente.

La "tri-fascista" catalana, su parte "oficial" más ruidosa y más visible, en resumen, carece del más mínimo fundamento cultural que ofrecer a los aficionados taurinos catalanes, españoles y del mundo entero. Por desgracia es así. Todos sus miembros proceden de las cribadas sucesivas habidas en el interior de sus partidos. Ninguno destacaría en la vida diaria dentro de su profesión. Hecho lamentable, pero real.

Su posición antitaurina no está basada en filosofía, cultura, modernidad o tradición. Su posición antitaurina es "política". Como podemos ver cuando defienden los "correbous" trasicionales por todo el territorio catalán, frente a la corrida de toros.

Espacios taurinos, espacios de libertad también para recordar a las entidades financieras que con sus subvenciones han creado un "monstruo antitaurino" que resulta a la vez antieconómico.

Las instituciones financieras deben afrontar las consecuencias de subvencionar a un personaje nefasto, como Ada Colau, sin cuyo apoyo económico no habría fundado un partido para hacerse con la alcaldía de Barcelona. La Caixa desde Valencia, y el Banco de Sabadell desde Alicante o Mallorca deben respetar ese espacio taurino, y no financiar actitudes beligerantes contra catalanes aficionados a los toros ¡y a la vez financian actividades antieconómicas! El boicot con el que amenaza la alcaldesa a los aficionados modificando leyes si es preciso es antidemocrático.

Espacios taurinos consagrados a la cultura, libres de injerencias políticas, y adecuados a una economía libre, donde los ciudadanos votan cuando compran qué cultura quieren; y las instituciones privadas no coartan con subvenciones espúreas a terceros la libertad de otros ciudadanos cuyo interés está en devolver a la capital catalana el prestigio completo de Dalí y Picasso, como pintores, escritores, dramaturgos, etc., el derecho a estar orgullosos de su pasado, de su presente y de su futuro como pilar de la tauromaquia dando cabida en una ciudad como Barcelona a más amplias expresiones culturales que se dan por todo el mundo taurino. Esta es la gran oportunidad abierta cuando no sólo la movilización callejera cuenta; sino cuando se considera la vida propia de los espacios taurinos sin discriminación, en igualdad de condiciones.

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