'El nacionalismo es tóxico y España debe pararlo' Unión Europea

La Unión Europea ha reaccionado ante las reclamaciones de los separatistas catalanes recordando que el nacionalismo ha sido una de las mayores desgracias de Europa a lo largo de los siglos. En España, en Cataluña, el nacionalismo está contaminado de franquismo, ello da como resultado una ideología tóxica potencialmente contagiosa en una Europa víctima de populismos nacionalistas. España debe dejar de cebar el nacionalismo catalán o vasco infectado ya de franquismo para favorecer el progreso de la Unión Europea.
La Unión Europea considera el nacionalismo como una de las plagas más desgraciadas de la historia de Europa.

Dos relevantes políticos del Partido Popular han salido estos días de efervescencia independendista fuera de la ley, a recordar que el nacionalismo es contrario al progreso, contrario a Europa, contrario a la convivencia de los pueblos.

El mensaje de la Unión Europea para detener la expansión del nacionalismo-franquismo es claro. Veamos cómo los nacionalistas han incorporado la ideología y las teorías franquistas en su ideario, y en su acción.

Los nacionalistas catalanes y vascos han incrustado el franquismo en su médula. Obispos y sacerdotes acogen actividades nacionalistas en sus iglesias e instalaciones, por ejemplo. O se niegan a dar la misa en castellano. Igual tratamiento dispensaron a las autoriades franquistas por todo el estado recién concluida la Guerra Civil. Y durante muchos años la iglesia católica española fue otro brazo del franquismo.

¿Dónde más anida el franquismo en el nacionalismo catalán? Por ejemplo, en la utilización de elementos raciales. “La raza” se manifiesta en los apellidos de los candidatos de la listas a las elecciones. La raza se manifiesta en los apellidos de los miembros del Govern. Y nos centramos en especial en el nacionalismo catalán por su recién "declarada" república de 8 segundos, antes de la suspensión.

Durante décadas los partidos nacionalistas -vascos y catalanes- presentan a las elecciones locales, autonómicas, nacionales y europeas candidatos de apellidos vascos o catalanes sin tener en cuenta que más de la mitad de los catanales o vascos, asentados durante décadas o siglos, no comparten apellidos de origen catalán, o euskérico.

Un racismo franquista embebido de categorías morales; encastrado de virtudes patrióticas; incrustado en atributos varoniles; y acérrimo enemigo de quien no piensa igual: un nacionalista catalán o un abertzale vasco posee “de fábrica” atributos morales, virtudes patriócas. Y esta mezcla explosiva resultará letal para Europa. España debe desactivar esa bomba de relojería, por mandato de los valores del europeísmo. Esas características no emanan del nacimiento.

Igual que el franquismo quiso proyectarse hacia atrás en la historia y reescribió las gloriosas páginas del pasado español desde el punto de vista de los historiadores franquistas; historiadores catalanes ceban la misma bomba, y reinterpretan la historia al gusto de los políticos.

Esa metodología para la Unión Europea que coloca la ciencia al servicio de la política es una aberración: un científico trabaja para la ciencia, no para fabricar humanoides al servicio de un partido político. Y otro tanto vale para los historiadores.

El nacionalismo de Cataluña adolece de una mezcla real de gentes, pues dejarían de ser nacionalistas. En Cataluña “la transversalidad” son colectivos geográficos, generacionales, rurales, de orígenes, antes que grupos con indiviudos diversos de toda condición. Este aislacionismo, como el de los años cincuenta de Franco, resulta evidente observando la forma tramposa como los partidos tratan de ocultarlo.

El ejemplo palmario lo forman personajes públicos arrancados de su lugar de origen (suramericanos) o de su grupo de procedencia (musulmanes) por citar dos ejemplos, que abrazan la ideología nacioanalista y la expresan hacia el exterior en forma de odio o insulto. No son integradores. Son aislacionistas. Gabriel Rufián no quiere integrar a nadie, quiere señalar, aislar e insultar.

Para la Unión Europea, ejemplo de conducta respetuosa durante siglos, esta vuelta a un pasado inquisidor es inaceptable. Nadie puede señalar o insultar a su vecino por sus ideas políticas, por su religión, etc. Esto es ilegal. Y está penado.

Un nacionalismo contaminado por políticas franquistas de administración de recursos ajenas a las leyes modernas de la economía: los “elegidos” por el régimen copan los puestos de dirección -aunque no estén capacitados-. Los afines medran. Los demás, deben obedecer.

Esto lo aplica el nacionalismo como un derecho propio de los suyos y que los "otros" corran con sus gastos, y allá donde vayan por el mundo, las gentes deben darles dinero graciosamente.

Francesc Pujols porque serán catalanes todos sus gastos donde vayan les serán pagados. Y se les ofrecerá el hotel, el más preciado regalo que se le pueda hacer a un catalán cuando viaja.

Una casta privilegiada a quien corresponde administrar el mundo (por voluntad divina, Franco; por nacer en una provincia, los nacionalistas). Y esto para la Unión Europea es una contaminación inaceptable.

La persecución de las empresas que no sirven a la causa por ejemplo, es otra contaminación franquista. Aquellos comercios que no rotulan en el “idioma de la causa” o aquellas empresas que no muestran los nobles ideales patrióticos... son contaminaciones franquistas inaceptables.

El independentismo, como todos los nacionalismos, está contaminado de ideología tóxica, y divide a los ciudadanos en buenos o malos. A estos últimos se les persigue en todo momento, se les acosa, se les niega el pan y la sal. De hecho, no son “catalanes” y esto lo hemos oído incluso en voz de la presidenta del Parlament. Buenos o malos catalanes. Catalanes de verdad, frente a súbditos o no catalanes.

El nacionalismo catalán está preñado de esta falsa ideología de raíz franquista. Una imitación en otras regiones de Europa de estas tendencias empezaría a convertir el viejo continente en una nueva Edad Media de regiones sometidas a señores poderosos capaces de imponer sus propias leyes. La equiparación con el franquismo aquí resulta del todo evidente.

El franquismo también elaboró sus propias líneas artísticas cine o teatro, libros o arquitectura y sobre todo las artes escénicas, y en nuestros días la televisión, son un reflejo exagerado de los peores rasgos del franquismo. Aquella frontera que compartía con el nazismo ha sido ampliamente traspasada por el nacionalismo catalán.

Si el “Nodo” fue el documental clásico para cantar las virtudes de la dictadura, la televisón catalana se ha convertido en un vehículo imparable de inaccesible capaz de insuflar gases tóxicos en cada rincón de Cataluña.

Intente un ciudadano viajar en transporte público por algunos barrios o ciudadades del País Vasco o de Cataluña con un periódico no adscrito al régimen... y comprenderá lo que le digo. Para la Unión Europea este control de los medios de comunicación es inaceptable. España deberá dominar al monstruo. Incluso cerrar una televisión que por la mitad de los catalanes es odiada y para la otra mitad cumple la función del camello que suministra droga a un enfermo de fanatismo.

Para la Unión Europea es inaceptable que los políticos legislen sobre tradiciones. Prohibir procesiones religiosas es la cara oculta de la obligada asistencia durante el franquismo a los oficios religiosos. Fomentar “procesiones ateas” demuestra el papanatismo de los líderes culturales, la influencia tóxica de su formación franquista en muchos casos. Ahí están las procesiones con antorchas de vomitivo recuerdo del nacionalsocialismo.

Poner trabas a fiestas populares como la celebración de una feria de abril en las ciudades dormitorio de Barcelona es una afrenta a la libertad que en Europa nunca se ha visto. Para la Unión Europea prohibir la tauromaquia en Cataluña es un gesto franquista impropio de una sociedad avanzada. El nacioanalismo catalán está contaminado de estos hechos.

Sus consecuencias pueden ser irreparables si este nacionalismo resulta exportado por sus autores a otras zonas o regiones del viejo continente. España debe dejar de cebar este tipo de conducta que ya por omisión, dejadez, o estupidez, ha permitido durante años. Como la prohibición de los toros. Para la Unión Europea es el pueblo, y no los políticos quienes disponen de la capacidad para deshacer tradiciones.

Una hipotética Cataluña independiente inocularía el virus del nacionalismo contaminado como hemos visto por todos los rincones de Europa. En años de populismo rampante, otra ideología populista llegaría no sólo a tumbar la Unión Europea en su conjunto, pero también transformaría el Viejo Continente en una réplica de los señores feudales de la Edad Media. Cada castillo con su ejército, su juez y su horca.

Causa pavor visibilizar la expansión del nacionalismo: Cataluña y el País Vasco con élites políticas/económicas encadenadas inundarían Navarra -que está sucediendo- y el país vasco francés con sus proclamas nacionalistas-franquistas (antidemócraticas). Valencia también sufre la plaga (Acció Cultural del País Valencià y Escola Valenciana son la Asamblea Nacional Catalana u Ómnium Cultural de Cataluña), como Baleares. En Italia volverían los viejos fantasmas. Y en Francia. Bélgica... en cada país europeo.

En cada castillo de la vieja Europa duerme un monstruo nacionalista sediento de sangre que despierta por contagio de otro monstruo nacionalista. Y Europa, la Unión Europea ha dicho no. Y España, el Gobierno de Mariano Rajoy deberá detener la expansión de este nacionalismo tóxico.