Agonizar y morir en la selva

La muerte natural de un animal salvaje es lenta y dolorosa. En la selva no hay morfina, no hay calmantes y solo la accin rpida de un depredador mitiga el dolor del animal agonizante. En algunos casos la muerte de un animal salvaje por causa natural en algn paraje escondido de la selva es una gran prdida econmica adems de, como deca, semanas, muchos meses de dolor, extremo, agnico. Hace dos das la popular bloguera y cazadora Mel Capitn nos dej; hace dos aos, el mundo hablaba del len Cecil; y Nelson Mandela nos dej una enseanza hace veinte que acaso no debamos olvidar.


La caza es el mtodo ms eficaz para dar una muerte digna, aunque parezca paradjico; la caza cortar el sufrimiento innecesario, sin meses, aos de agona incluso, para los animales. As lo entendi el lder africano y autoridad tica, Nelson Mandela.

Cuando un len comienza a envejecer -u otro depredador- y se desliza por la pendiente natural hacia la edad provecta, hacia la vejez, sus facultades como cazador merman: pierde velocidad y resistencia para perseguir a sus presas, pierde dentadura, come menos y come mal; todo lo cual acelera y agrava el comienzo de su vida precaria, de sus ltimos aos en este mundo.

Todos los animales que no caigan vctimas de un depredador sufrirn una lenta agona en sus meses finales de vida. A partir de los 15 aos de vida, un len comienza a envejecer. Morirn la inmensa mayora de los leones antes de cumplir los 20 aos (pocos sobrepasan esta edad, aunque en cautividad un len puede alcanzar los 30 aos).

En esta cuenta atrs de la selva cada da ser peor que el anterior. Otro len le arrebar las hembras, la posicin en la manada y le expulsar del grupo, probablemente herido en su ltima pelea como lder.

A partir de cierta edad cada especie animal se sumerge en la vejez. En pocos meses comienza el deterioro fsico: la prdida de peso resultar visible, perder dientes, por ello cazar con menos frecuencia, comer menos y se debilitar; ser presa fcil de otros depredadores o vctima fcil de enfermedades, algunas contagiosas y dainas para el resto de la vida salvaje.

Un animal depredador en estado de vejez termina disputando a los buitres y a las hienas la carroa, lo que no siempre es sano para su estmago debilitado, y le hace vctima fcil de enfermedades.

Lo mismo sucede para el len o para el tigre; para el bfalo o la jirafa; la cebra o el cocodrilo: a partir de cierta edad comienza el declive, y poco despus una lenta agona: en la selva no hay morfina ni calmantes para los animales. Es el ciclo de vida inexorable.
La edad nunca perdona en la selva


Cuando slo el cazador produce bienestar

La vejez para un len en la selva comienza a partir de los 15 aos: sus facultades han llegado a lo ms alto de fuerza, vigor y agilidad, y ya empiezan a mermar. Otros leones le disputarnn su puesto en la manada, si es que le consienten formar parte de la misma. Entre los 18 y los 20 aos morir. Su agona ser por hambre, enfermedad, ambas, o el ataque de otro depredador. O utilizado como "cebo" por la manada en ataques peligrosos para cazar un bfalo u otro animal "armado".

Hace dos aos la historia del len Cecil di la vuelta al mundo. "Cecil" muri de un flechazo efectuado por Walter Palmer, dentista de Estados Unidos, en una caza legal, previo pago de unos 50.000 dlares, acompaado de guas y con soporte desde el poblado. "Cecil" era un len que haba superado los 15 aos de vida, y estaba al borde de comenzar a deslizarse por el precipicio del declive. Es la llamada de la naturaleza.

El len Cecil en vida haba dejado varias camadas, haba sido un len fuerte y dominante, que se haba adueado de la manada de hembras matando a leones rivales -viejos ya-.
La ley de la jungla que es igual para todos.

El cazador, Walter Palmer, era un aficionado experto que pag por una caza legal y recibi todos los permisos oficiales correspondientes. Con esos ingresos procedentes de la caza, los gobiernos de frica subsahariana mantienen los parques naturales y los poblados ubicados en sus proximidades: mdicos y maestros, enfermeras y tcnicos obtienen recursos para el desarrollo material de sus habitantes. Y puestos de trabajo entre la poblacin local que no ser forzada a emigrar a Europa.

Segn Panthera organizacin que vigila los grandes felinos en el mundo, los 28 pases con leones en frica necesitan unos 1.200 millones de dlares al ao para mantener las reservas naturales pobladas por leones. El turismo, la venta a Europa de carne de bfalo, antlope y otras especies, y la caza son las fuentes de ingresos principales. Adems de ayudas directas de otros pases.

La muerte del len Cecil se convirti en un acontecimiento mundial, y sobre la misma opinaron jefes de gobierno, como David Cameron, Primer Ministro del Reino Unido, que se subi a la cresta de la ola contra el cazador, olvidando los miles de hombres, mujeres y nios que dependen de una gestin racional de los parques y reservas naturales.

En prensa, radio, televisin, internet y las redes sociales surgi un tsunami planetario de titulares sensacionalistas contra el cazador y contra la caza.

Como defensa las autoridades locales se vieron obligadas a actuar: detencin de los guas con juicio fulminante y condena rpida -aunque su actividad es legal-; confiscacin de sus bienes. Tambin prohibieron la caza, aunque la veda solo dur 10 das pues deban cumplir los contratos firmados con los cazadores; y ms importante an, deban pagar los salarios de mdicos, enfermeras, maestros, bilogos, veterinarios, trabajadores sociales... y empleados en general encargados de mantener los parques naturales y gestionar la poblacin de animales.
Personas racionales y la fauna de la selva

Es importante que la conservacin y el desarrollo del medio vayan de la mano. Como conservacionista es necesario tomar en consideracin las necesidades de los pueblos que dependen de los parques naturales y reservas. Es necesarion fomentar programas de educacin para la proteccin de la vida salvaje y actuar siempre cooperando con las comunidades locales.

Segn cuentan las crnicas, Nelson Mandela no era cazador de hecho la mayor parte de su vida adulta la pas en la crcel de Sudfrica casi 30 aos! Sin embargo, Mandela enseguida comprendi la importancia de la caza como mtodo de gestin racional de la vida salvaje: positiva para el medio ambiente, para las personas que habitan junto a las reservas naturales, y tambin como mtodo para evitar semanas, meses, aos de agona a los animales.

Imagina lector en cada len sus ltimas semanas -cuando solo pueden caminar- o los ltimos das -cuando no pueden levantarse, casi- y ello ayudar a entender una decisin difcil, pero que el hombre ha aplicado a lo largo de la historia: el tiro de gracia. Gesto extremo de piedad. Y carga que debemos soportar sobre nuestra conciencia (al fin y al cabo una vida -agonizante- se ha cerrado) y sobrellevar ayudados con la razn que nos distingue de los animales.

Nelson Mandela fue un apstol de la caza y le debemos respeto a su reflexin, porque est basada en la experiencia sobre el terreno y en la altura tica de un personaje crucial no slo del siglo XX, pero tambin en la historia de la humanidad.

Sobre nuestra espalda como seres racionales pesa la obligacin de aliviar el dolor, tambin el dolor de los animales salvajes. Aunque ningn documental, ninguna cmara nos haya mostrado nunca los das finales de un tigre o de un len. O de un gato callejero en una ciudad, ese impulso de misericordia es parte de la condicin humana.

Corresponde, en conclusin, tratar como discpulos de Nelson Rolihlahla Mandela Madiba a aquellos cazadores que ayudan en la gestin racional de los parques y espacios naturales, as cazando viejos felinos en frica; controlando la poblacin de lepridos en Europa o palomas y ratas en las ciudades del mundo.