Una joven alemana no compra nada durante un año

Comer, beber o vestirse sin gastar un euro para desafiar a la sociedad de consumo

La alemana Greta Taubert, de 30 años ha renunciado durante un año a la sociedad de consumo. Comer, beber o vestirse sin gastar un euro, este ha sido el planteamiento de la joven mujer, quién quería experimentar qué pasaría si la crisis engullera nuestro sistema económico.

Lo primero que Taubert quiso comprar después de terminar su peculiar huelga han sido unas medias. "Y productos de higiene", añade.

La chica alemana había aguantado un año gracias a la fabricación casera de desodorantes, cremas para la cara y dentífricos 100% naturales. Sin embargo, Greta reconoce que su experimento estaba teniendo consecuencias a nivel social, ya que, "empezaba a parecerme al hombre de Neandertal. Y las personas que me conocen decían: '¡Ahora sí que has llegado demasiado lejos'!", cuenta riendo.

Greta Taubert es una periodista independiente que hizo del trueque su única forma de subsistencia económica durante un año, cavó la tierra para plantar repollos y patatas en una huerta colectiva y recorrió en autoestop más de 1.700 km para pasar las vacaciones en una vivienda de okupas en Barcelona.

La joven aprovechó la experiencia para escribir un libro "¡Apocalipsis ahora!" en el que narra su vida lejos de la sociedad de consumo.

Greta Taubert está convencida de que la crisis en Europa ha provocado una toma de conciencia de los límites del modelo económico actual. "Creo que la gente comprendió que no se ha solucionado nada con los planes de rescate y ni con el Mecanismo Europeo de Estabilidad", sentencia.

"Nuestro sistema económico se basa en la perspectiva de un crecimiento infinito pero nuestro mundo ecológico es limitado: El mantra del más, más, más no nos va a llevar muy lejos", asegura la periodista alemana.

En Alemania y en otros países se multiplican las iniciativas basadas en una economía solidaria: con páginas web dedicadas a recoger alimentos, "tiendas" donde todo es gratuito o lugares para dejar los libros usados.

En su año de vida alternativa, Greta probó también los inodoros secos, que no utilizan agua y reciclan los excrementos. "Hoy en día intento integrar en mi vida cotidiana lo que he aprendido durante este año pero estoy contenta de no vivir tan radicalmente", concluye.

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